Cosas que nunca podré (a)firmar…

Huella de elefante

Enero 21, 2008 · Dejar un comentario

Coco murió asesinado ante los ojos de su familia. Unas lágrimas de sus más allegados. Ideas sobre lo que pudo ser y no fue. Unas voces críticas sobre la precaria situación de unas instalaciones cuyo maquillaje no oculta la enfermedad mortal que se extiende entre sus habitantes. Algún corazón compungido por la tragedia. Y el silencio. 

Cosas de la vida. Un nombre anónimo hasta hace unos días obtuvo tantas portadas con una evasión en busca de la libertad como el arriesgado cambio de la imagen corporativa de una conocida entidad bancaria.  No es que tuviera una imagen antigua, o inadecuada. Simplemente, consideraron oportuno que ésta cambiará después de 14 años. Mariscal fue el elegido. Y un asterisco el eje del proyecto. La otra, la vieja, ni siquiera llegó a la pubertad. 

Fue un acto pomposo. Avisado. Serio. Con protocolo real se desveló la nueva cara de una financiera. Resuelto el misterio, tocaba justificar la aventura. Otro valenciano de adopción dejó su huella en la historia. Y avaló su marca con referencias sutiles al talante, que tanto se lleva últimamente, a las raíces patrias que gestaron el proyecto, y a esos aires de modernidad que parece tienen que estar presentes en todas partes.  Desde luego, no seré yo quién se atreva a juzgar el cambio de imagen. No es mi cometido. Aunque no dejo de preguntarme qué riesgo existe en  presentar una logomarca cuya principal virtud es quién la ha realizado. ¿Osaría Bancaja arriesgar -ahora sí, sin cursiva- siete millones de euros por el trabajo de un profesional anónimo?. Sinceramente, creo que no. 

La foto ha salido cara. Aunque, la inversión se justifique con un estiramiento de la piel y se recalque, cual descubrimiento de la penicilina, que la marca irá acompañada de un manual de identidad corporativa, algo, por otra parte, necesario e incluso obligatorio para que cualquier empresa aplique su marca.  

Puede que sea el peso de la década de los ochenta, donde el hedonismo reinó sin límite, o puede que sea el conservadurismo innato de una sociedad temerosa de la rapidez con la que se producen los cambios. Tenemos un miedo atroz a hacernos viejos. A desparecer. Y, quizá por ello, sentimos la necesidad de dejar nuestra huella. Aunque sea entrando como un elefante en una cacharrería.  

En dos años hay que eliminar el trabajo pausado y reflexivo de más de dos décadas. Nada importa que una marca necesite tiempo para asentarse, ser conocida y obtener el rédito necesario para que la empresa a la que representa adquiera solera, reconocimiento y, lo que es más importante, valores como la estabilidad, la seriedad y la seguridad a largo plazo. ¿Acaso cuando abrimos una cuenta bancaria esperamos que en dos años nos dé todo el beneficio a que aspiramos?. 

El tiempo hace justicia. Solo hay que recordar el rostro del mentor de un museo, cuando tras años de espera de su gran momento, asistió cariacontecido a la inauguración del mismo a manos de otro, menos letrado e interesado en la cultura escrita.

Por: José A. Giménez

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Categorías: Diseño Gráfico
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