El empresario se ha puesto las pilas. O eso dicen desde la patronal de la madera y el mueble. La cuestión es saber qué pilas se han puesto. Si alcalinas o de las que se venden en los todo a cien. Aún así, no hay que dejar pasar la frase. Ni esa, ni la que dedicaba recientemente Vicente Folgado, presidente de Fevama, a nuestros gobernantes y que, si la memoria no me falla, decía que “a nuestros planes de competitividad les falta coordinación y rapidez en las donaciones”.
O lo que es lo mismo, que casi en agosto del presente, de los 4,6 millones de euros que solicitan desde la patronal o no han visto un duro, o si ha llegado algo ni se acerca a las previsiones más pesimistas. Es la canción de todos los años. Aquí, en Valencia, todo va bien hasta que los indicadores dicen lo contrario. O un metro se sale de la vía por falta de inversiones. La feria del Mueble es la más importante de España. O eso nos venden. Incluso hemos ampliado espacio expositivo para ser más competitivos.
Y, para que quede bien claro que somos internacionales, utilizamos una marca paraguas. Una de esas que suenan a extranjero y dan un “je ne sais…” que por aquí, en las provincias, tira mucho. Habitat Valencia Foward la llaman. Claro que, como más de un empresario autóctono no sabe qué es eso del foward y lo del habitat les suena a la tienda de la calle Colón, pues eso, que se han plantado brazos en jarras y le han cantado las cuarenta a los feriantes. Que ni foward ni Cristo que lo fundo. Mueble, iluminación y decoración bien clarito. Y si quieren con el palabro ese para decorar, que se han invertido unos duros y nosotros -los empresarios- no somos nada intransigentes con los forasteros.
El hecho es que después de marear la perdiz, cambiar el presidente y algún otro cargo más que se moverá con los calores estivales, aparcar el nombre con tendencia anglosajona para otro año -y van dos-, la reserva de espacio en la Feria del Mueble va peor que en años anteriores. No lo digo yo, lo dice el presidente de Fevama que algo sabe de esto. Y el precio del suelo sube y baja en función del nombre y las fechas, aunque todos claman porque se revise a la baja y se equipare a otros certámenes más cercanos a la meseta o los Pirineos.
Así que nos espera otro año de calvas incipientes en la Feria del Mueble. Puede que menos si conseguimos que el certamen pierda su personalidad -mueble e iluminación- y se parezca más a un mercadillo de fin de semana -habitat-. O a lo mejor, le ponen bien cerquita ese sacadinero llamado Nude que se ceba con la precaria economía de los que con su inocencia luchan por abrirse camino. A eso se llama apoyo a los jóvenes diseñadores y empresarios. Certamen a certamen se acercan a un lugar digno en la feria. Pena que sea para tapar huecos y no por una voluntad real de los dirigentes de este encuentro -en teoría- profesional.
A pesar de todo, ojalá, que el Nude sirva para que alguien se dé cuenta del valor y la calidad de los que pueden pagarse un espacio, perder in situ una semana de su tiempo profesional y costearse los prototipos. Una pena que no haya dinero para ceder espacios gratuitos o dar ayudas para el desarrollo de proyectos en los planes de competitividad de la Administración y la patronal. Aunque llegase con tanto retraso como en los actuales.
Otro año de calvas, pelones y notables ausencias. Pero, tranquilos. La Administración y los empresarios se han puesto las pilas. La caída de la exportación de mueble el pasado año, que para eso ha repuntado un poquito al arranque de este ejercicio, son un espejismo, un ciclo bajo, según los feriantes y los empresarios. Que la patronal de exportadores estime que el 30% de las empresas del mueble de la Comunidad desaparecerá, es lo normal. Al final, el problema es quien era el padre del negocio y cómo llamamos al niño, no si somos competitivos.
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