Cosas que nunca podré (a)firmar…

El adjetivo calificativo, la mejor campaña de concienciación

Noviembre 21, 2007 · Dejar un comentario

Los medios de comunicación se han convertido en un referente para gran parte de la sociedad. La masiva implantación de las nuevas tecnologías y el acceso generalizado a Internet permiten a cualquier ciudadano disponer de informaciones impensables hace menos de 20 años. En este espacio, los medios juegan un papel esencial en la formación, información y, sobre todo, educación de la nueva sociedad. Especialmente en asuntos como la violencia doméstica. 

Recientemente, Mª Pilar Rodríguez, Doctora por la Universidad de Harvard publicaba un estudio titulado ‘Tratamiento de la violencia de género en la prensa vasca’, fundamentado en una muestra de 1.337 textos periodísticos y en una encuesta realizada a 406 personas, en el que se afirma que el 69,97% de las personas tiene como fuente exclusiva de información sobre la violencia de género a los medios de comunicación, lo que constituye un argumento definitivo en lo tocante a la responsabilidad de quienes informan. 

Desde los albores de nuestra formación, se nos ha advertido del uso de los adjetivos con “sumo tiento”, ya que “a través de ellos puede manifestarse el punto de vista particular del redactor”, como dice la Agencia Efe[1]. El problema es que eso es lo que hace falta en la sociedad actual. El periodista debe tomar partido. Tiene que responsbilizarse de las consecuencias de que -en una información- “la subjetividad esté permanentemente controlada”.

Es hora de recuperar el adjetivo. Y calificar la violación de los derechos humanos más elementales con los términos que se merecen; intolerable, indignante, etc. No se trata de recurrir a adjetivos ribombantes, bombasticos o exagerados como “terrorismo doméstico”, ya que el terrorismo supone acciones que buscan amedrentar a la población. Este calificativo no añade mayores connotaciones de condena.

En este sentido, “y porque el buen gusto lo exige” (1992:60), evitemos eufemismos como violencia de género y califiquemos este modo de violencia de “machista o sexista”.  Ya en el I Foro Nacional “Mujer, Violencia y Medios de Comunicación”, celebrado en 2002, se aconsejaba utilizar expresiones como “violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico”, “violencia masculina en la familia” o “violencia contra las mujeres en general” que facilitan la comprensión de la noticia. El objetivo de era conseguir precisión en el lenguaje y evitar la brumosidad de términos como violencia de género. 

Esa opacidad terminológica se asemeja a la identificación de una persona del sexo masculino que mata o asesina a una mujer y que, en muchas ocasiones, se limita al término “hombre”, cuando acompañados de la particula presunto se pueden utilizar otras expresiones más claras como homicida, agresor, malhechor, delincuente, asesino, etc., tal y como recomienda el informe Mujer, violencia y medios de comunicación del Instituto Oficial de Radio y Televisión (2002) al hablar de la tipología de violencia de género.  

La claridad lingüística. El uso de términos adecuados. Y, a mi entender, la acentuación de determinadas situaciones con el uso adecuado de los adjetivos calificativos permitirán una concienciación de la sociedad que, hasta ahora, sólo ha llegado mediante campañas aisadas y que no inciden en la realidad de la violencia en el ámbito doméstico. 

La tendencia a colorear una narración, paralelamente a la inmediatez que requiere la elaboración de informaciones de actualidad, hace que la reflexión sobre las noticias de malos tratos sea en ocasiones escasa o nula, con todos los riesgos que ello conlleva a la hora de valorar, sopesar versiones y testimonios, e investigar las causas y las circunstancias de la noticia. Esto (nos) lleva al uso de tópicos, frases hechas, comentarios frívolos o clichés. La utilización de un lenguaje violento desvirtúa las razones de la agresión. De ahí que frases del estilo “cadáver ensangrentado” o “cosida a cuchilladas” dirigen la atención a aspectos colaterales, incompatibles con los motivos reales de la agresión[2]. 

Los periodistas son (somos) conscientes que las noticias de violencia doméstica son un hecho complejo que necesita una explicación detallada alejada de frivolidades. Y, por ello, incidimos que no se trata de utilizar adjetivos para definir al agresor  -como celoso o bebedor-, ya que éstos sólo pueden generar una imagen atenuante que provoque una lectura exculpatoria del presunto agresor.  

Tampoco se trata de fomentar la presencia de calificativos emanados de fuentes poco fiables o contrastadas, esto es, las declaraciones de supuestos vecinos o allegados que marcan una línea tendenciaosa en muchas informaciones descargando de peso una presunta agresión o un presunto homicidio con expresiones como “vecino excepcional” o “un hombre encantador”, ni aunque lo diga todo el barrio.. “No puede existir indulgencia con un individuo que ha matado a su compañera. Porque es difícil que la sociedad pueda rechazar estos comportamientos si los titulares siguen incluyendo el estereotipo <crimen pasional> en el texto, y el relato abunda en las simples declaraciones del vecindario, quien, además, comprensiblemente, tiende a ser muy benevolente cuando se pone delante de una cámara[3].” 

No es este el tipo de adjetivación que propongo. Sino la que define los hechos –el atentado contra el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos humanos (1948)- con total calaridad. No podemos olvidar que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros[4].” 

Un adjetivo bien colocado puede denunciar más claramente la intolerable agresión que supone la violencia sexista.

 

www.sanserif.es


[1]Agencia Efe (1992): Manual del español urgente. Madrid. Cátedra. Pág. 60

[2]Recomendaciones sobre el lenguaje incluidas en el texto aprobado en el I Foro Nacional “Mujer, Violencia y Medios de Comunicación”, en 2002.

[3]Instituto Oficial de Radio y Televisión. RTVE (2002): Mujer, violencia y medios de comunicación. Dossier de prensa.  Madrid. P. 31

[4]Declaración Universal de los Derechos humanos (1948). En http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm

Categorías: Justicia
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