Dicen los expertos que la ciudad de Valencia ha vivido de espaldas al mar las últimas décadas. Puede que la America’s Cup haya cambiado definitivamente esa idea. Ahora, miles de valencianos han redescubierto el Mediterráneo más allá de la Malvarrosa o Las Arenas. Visitan el puerto con inusitada curiosidad, recorren los tinglados y los amarres, suben a gabarras que les dan un paseo por las instalaciones y descubren la vela, o al menos hablan sobre barcos, yates y marinos.
Esos mismos ciudadanos visitan las cafeterías y las terrazas de los equipos que han participado –y participan- en la competición náutica. Gastan dinero en tiendas exclusivas. Salen de copas por la noche al calor del reclamo de la oferta de ocio del puerto. Y no miran más allá del mar.
No hay rincón de la ciudad en el que el mar y el agua no estén presentes. Nadie se preocupa ya de las restricciones en el consumo del agua tras las elecciones y las últimas declaraciones de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que ha asegurado que ninguna comunidad autónoma tendrá cortes de agua este verano.
Miramos al mar, pero no vemos más allá de las velas de colores. Al otro lado del estrecho, un continente entero también ha reorientado su mirada al mar. No como un espacio de ocio, sino como la puerta a un destino incierto. Un destino en el que el agua no es una barrera sino un elemento accesible.
Un continente entero se muere de sed. Y este año, más aún que otros en los que sentíamos la punzada de la sequía, deberíamos ser conscientes de ello. No nos sobra el agua, pero tampoco carecemos de ella para los usos más básicos.
Sobre esta idea se construyó la Iniciativa Valencia 0,7. Una propuesta descabellada y romántica. Nada menos que intentar unir la edición en Valencia de la XXI America’s Cup con la cooperación al desarrollo de África, mediante la recaudación del 0,7% del presupuesto de este evento. Hablamos de unos 17 millones de euros –según los organizadores-. El objetivo; desarrollar infraestructuras que garanticen el acceso al agua potable en Kenia, Mozambique, Guinea Ecuatorial y Benín.
Cerca de 60 entidades y 400 particulares han respaldado ya la propuesta. Es una carrera de velocidad a favor de los derechos humanos, que culminará el 7 de julio de 2007, fecha en la que se clausurará la competición de vela y se sabrá si se ha conseguido esta hazaña.
La situación se ha hecho insostenible en muchas regiones de mediterráneo. Ese mar que baña gran parte de nuestras costas y que cada año pierde agua y vida. Científicos de la Universidad de Alicante así lo aseguran. En julio, habrá 250.000 millones de toneladas de agua menos que en pleno invierno. Y la temperatura en superficie del Mediterráneo ha aumentado a razón de 0,075 grados centígrados anuales desde 1993 y se ha duplicado en la última década con respecto a la de 1980. Ya es cinco veces superior al calentamiento que registran, por término medio, el conjunto de los océanos del mundo (0,015 grados al año).
Paradójicamente el nivel del agua en el periodo estival es unos veinte centímetros superior con respecto a los meses de invierno. Esta circunstancia se produce porque el agua se dilata por el aumento de la temperatura en verano y ocupa más volumen, aunque pesa menos.
Puede que esa sea una de las razones de que no seamos conscientes de la lenta agonía del Mare Nostrum. Las velas de colores y las fiestas nocturnas no deben hacernos olvidar esta realidad, como tampoco que África se muere de sed. Aunque cada día veamos menos imágenes del continente negro y más de grandes yates. Y nosotros tenemos cada vez menos agua disponible. Es hora de hacer algo; www.valenciacerosiete.org
Por Ana Yago · www.sanserif.es
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