Que el mueble esta pasando una crisis no es una novedad, por mucho que el empresariado valenciano y las instituciones hablen con sorpresa de una inesperada tendencia a la baja de las exportaciones, además de una caída de las ventas del producto nacional, justo el año que la Feria de Valencia ha estrenado la tan deseada ampliación de espacios.
Tantos años demandando espacio para enseñar -una y otra vez- los mismos muebles y complementos, y ahora va y hay que rellenar los pabellones para que no se noten los vacíos de un sector tradicional, que no industrial, que se encamina por la vereda del juguete y el textil.
Si el mueble esta de capa caída, la solución que aportan desde la Feria es costumizar el certamen y convertirlo en un cajón desastre; el hábitat. Una tendencia peligrosa que, si las cosas no mejoran, puede llevarnos a una orgía de fusiones de citas feriales, acabando con un macro certamen en el que los visitantes puedan acordar su unión, adquirir el piso, amueblarlo, e incluso contratar un viaje en sólo una visita. Y todo con un descuento, faltaría más.
A una Feria Internacional, como a los soldados, se le supone el valor, concretamente en el caso del certamen del mueble de Valencia, el valor de la especialización, de la selección, de la oferta de calidad. Una oferta que se dirige al mayorista, no al consumidor final.
Aunque puede que los tiempos estén cambiando, y que los directivos pretendan crear exactamente eso; una feria. Un espacio en el que ya no importe lo que se enseña, sino cuánto se puede enseñar y a cuántos. Una especie de centro comercial temático con rebajas por tiempo limitado.
No obstante, la cuestión principal permanece sin respuesta; ¿Existe una industria valenciana del mueble? Y si existe, ¿es o puede ser competitiva? Desde luego, si la primera medida para mejorar las ventas supone abrir las puertas del certamen al consumidor final, no parece que se esté dando repuesta al problema de la industria, sino a las cuentas del recinto ferial.
En resumen, sólo el miedo a la pérdida de la posición ha impedido -o simplemente retrasado- que tres certámenes tradicionales se conviertan en una suerte de tres en uno, un producto que engrase los engranajes del recinto para que no chirríen.
Y así, mientras unos se preocupan por no abandonar el puente de mando, otros presentan sesudos estudios de mercado -véase el Congreso Internacional de Coyuntura del Sector del Mueble- que determinan que la solución a la crisis del sector pasa por la innovación y el desarrollo tecnológico, propuestas abstractas -y complementarias también- que parece que el empresariado valenciano recibe como agua de mayo.
Claro que, es difícil hablar de desarrollo tecnológico cuando la mayoría de las empresas del sector tiene carácter local y, con suerte, una presencia marginal en el mercado nacional. El empresario autóctono trabaja con el margen del corto plazo y los beneficios fijos, no con la idea de innovar y exportar el producto; esencialmente porque éste ha dejado de ser competitivo. Vendemos lo mismo desde hace diez años.
Fruto de esta situación, se esgrimen argumentos sobre los beneficios de la innovación, y la necesidad de renovar el parque de productos. Así, una año más, empresarios y distribuidores han puesto en común sus problemas y salen con el cuaderno repleto de notas, estadísticas y buenas intenciones.
Y, un año más, los eternos olvidados -los diseñadores- observan como, a pesar de ser una pieza fundamental para la innovación, porque son ellos los que arriesgan tiempo y dinero en el desarrollo de nuevas propuestas, no están presentes en la ronda de consultas sobre el futuro de la Feria. Ni siquiera se les consulta sobre porqué caen las ventas de productos, o si hay alternativa a la oferta actual, cuya fecha de fabricación ya ni los más viejos recuerdan.
Es triste. Se nos llena la boca hablando de diseño, del I+D+I. De Innovación. De Desarrollo tecnológico. Pero, a la hora de la verdad, cuando hay que tomar decisiones, cuando hay que apostar decididamente por reconvertir y adaptar a la demanda nuestras empresas y productos, entonces nos olvidamos de las ideas y preferimos ver que hacen los demás, seguimos a remolque con el eco de las plañideras de fondo.
Apuesten por el producto nacional. Apuesten por los creativos del país. Uds. tienen la llave del futuro del sector. Si no creamos una industria capaz de autoabastecerse, de innovar, de traspasar las fronteras geográficas, nunca creceremos. Si no tenemos un certamen sólido, especializado, profesional, perderemos nuestra esencia y nos convertiremos en una franquicia.
Por: Ana Yago · www.sanserif.es
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